Resumen
Este artículo analiza como la película Branco sai, preto fica (2015), del director ceilandense Adirley Queirós, utiliza procedimientos narrativos y audiovisuales para establecer una relación crítica con la realidad, afirmando una dimensión política capaz de contar hechos ignorados por la Historia, contribuyendo a romper estructuras de poder que mantienen silenciado lo subalterno y presentando nuevas perspectivas sobre la representación de los habitantes y del espacio de la periferia. Para ello, se utilizará el concepto de ética hacker, formulado por Mckenzie Wark, en A hacker manifesto (2004) y las reflexiones presentadas por André Gaudreault y François Jost en A narrativa cinematográfica (2009) y por Ella Shohat y Robert Stam, en Crítica da imagem eurocêntrica (2006).

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Derechos de autor 2019 Anderson de Figueiredo Matias
